martes, 14 de abril de 2009

14 DE ABRIL: DÍA DE LA II REPÚBLICA ESPAÑOLA

FRANCISCO ESCUDERO, es un buen oriholano, un buen intelectual, un magnífico escritor, una buena persona y un buen amigo.. de esos que aunque no los veas en bastante tiempo.. sabes que está..
Hoy coincidiendo con el 14 de abril ha publicado una tribuna en el diario "la verdad" que merece ser leída y archivada.

Mi reconocimiento y mi afecto

Un fuerte abrazo Paco

TRIBUNA
Las mujeres de la República
14.04.09 -
FRANCISCO ESCUDERO

Representación de 'La Dolorica' en el Gran Teatro. / A.F.
H oy martes, 14 de abril, se conmemora el 78 aniversario de la proclamación de la II República Española, y tengo la sensación de que no siempre se ha reconocido en su justa medida la gran aportación que hicieron las mujeres en el impulso del cambio social que para este país supuso el nuevo régimen republicano.
La radicalización ideológica que sacudía Europa a finales de los años 20 y comienzos de los 30 del siglo XX, con avances significativos del fascismo, el nazismo y el comunismo soviético, tuvo como contrapeso en España el inicio de un régimen que abrió el país a las estructuras democráticas, al progreso social y a la modernidad.
La II República se encontró al llegar con una realidad que revelaba el atraso político-social que padecía este país. La falta de una clase burguesa liberal con peso político, que económicamente hubiera impulsado la industrialización y políticamente la democracia parlamentaria, hizo que en España los planteamientos ideológicos predominantes continuaran siendo los heredados del antiguo régimen señorial, y basados en el poder de los grandes terratenientes y la influencia de la Iglesia.
El primer gobierno de la República fue precisamente un intento por ocupar ese espectro político moderado, moderno y reformista. No fue un gobierno revolucionario con intenciones de cambiar los sistemas de producción e instaurar la dictadura del proletariado según el modelo soviético. Simplemente representó una iniciativa democrática de reforma social para eliminar injusticias ancestrales, modernizar el país, y propiciar un cambio en la línea del experimentado por países como Francia e Inglaterra, todo ello en el marco de un sistema capitalista reformado y de rostro humano.
Las mujeres participaron en ese cambio desde el ámbito de la política y la cultura -ejemplos como Federica Montseny, Clara Campoamor, Margarita Nelken, Victoria Kent, Dolores Ibárruri Pasionaria...-, pero también desde el ámbito del trabajo diario, con millones de mujeres que se empleaban en las duras tareas del campo y también en la industria textil, al mismo tiempo que sacaban adelante sus casas con el trabajo doméstico.
La influencia de las mujeres se dejó notar además en algo que, a lo largo de la historia, siempre ha preocupado de una manera especial a las mujeres: la educación de los hijos. Fue una auténtica revolución cultural y educativa la que introdujo la II República, sobre todo teniendo en cuenta el contexto de un país que, al comienzo de los años 30, tenía un 50% de población analfabeta (unos 11 millones de personas), y que buena parte de la población infantil estaba sin escolarizar.
Durante los 30 primeros años del siglo XX, la monarquía había creado en España en torno a 10.000 escuelas. Nada más llegar, el gobierno republicano decretó la creación en España de más de 27.000 nuevas escuelas, de las que 9.600 entraron en funcionamiento durante el primer año (1931). Elevó el salario de los maestros, creó nuevos institutos de secundaria, así como planes específicos en cada facultad para impulsar la enseñanza universitaria.
Se notaba el nuevo aire de progreso y modernidad, y en ello, las mujeres tuvieron mucho que ver. La República les dio reconocimiento, se negó a considerarlas como floreros, y jurídicamente las trató con igualdad al otorgarles derechos civiles y derecho al voto. Por eso, las mujeres defendieron con uñas y dientes la supervivencia del régimen republicano. Madres, esposas o hijas, todas ellas se convirtieron en un momento dado en combatientes para defender aquello que les había dado dignidad, y algunas se dejaron la vida en el empeño (por ejemplo, el caso de las trece rosas). Sin embargo, los sectores conservadores no vieron estos cambios como avances de progreso y modernidad, y reaccionaron contra la República asumiendo, cada vez con mayor intensidad, los postulados tradicionalistas y fascistas que enraizaban en aquellos días por toda Europa.
La Iglesia ejerció todo su poder doctrinal de defensa de los valores más reaccionarios, entregándose ideológicamente a estos sectores conservadores y radicales de la derecha española, y amparando su actividad. Lo hizo desde los púlpitos, pero también a través de su red de centros docentes religiosos, y de dos tipos de organizaciones, las directamente relacionadas con la labor apostólica (Acción Católica, Asociación de Propagandistas....), y las profesionales (Sindicatos Católicos Obreros, Federación de Estudiantes Católicos, Asociación de Maestros Católicos...).
Había una razón ideológica de la Iglesia, equivocada a mi juicio, a la hora de asumir este protagonismo en el proceso de desestabilización de la República, pero también motivos mucho más pragmáticos, relacionados con la pérdida de peso específico que la Iglesia comenzaba a notar en la tarea docente y de adoctrinamiento, gracias al fuerte impulso que el primer gobierno republicano otorgó a la escuela pública.
Tras la guerra civil, la fuerza, que no la razón, devolvió a la mujer a su estatus social del siglo XIX. Para la oficialidad, la mujer dejó de tener criterio, iniciativa y opinión, y volvió a ser florero, hasta que la Transición la rescató de las catacumbas. El esfuerzo de unos y otros hizo que afloraran, por fin, los deseos de consenso, no de confrontación, y en la senda democrática nos encontramos todos recorriendo un único camino.
Aquellos sentimientos de rencor han quedado para la historia, gracias a que la sociedad española en su conjunto ha hecho a lo largo de estos años un admirable esfuerzo de reencuentro. Hoy caminamos hacia delante con la mirada puesta en nuestro futuro y el de nuestros hijos, pero lo debemos hacer sin olvidar quiénes somos y de dónde venimos.
A la memoria de todas aquellas mujeres que defendieron la II República Española como bandera de su propia dignidad personal, hoy se representa en el Teatro Circo de Orihuela la obra La Dolorica, una humilde contribución desde la comedia al reconocimiento a las mujeres. El Teatro Circo está abierto hoy a la sonrisa y también al recuerdo. Que lo disfruten.